Las madres son de las personas que más nos marcan. No solo nos dan la vida, sino que nos transmiten sus valores y nos convierten en las personas que somos. Son las primeras en las que pensamos cuando nos pasa algo bueno, y a las que acudimos cuando nos surgen los problemas. Y ellas siempre se desviven por nosotros, porque aunque sigamos creciendo siempre seremos sus pequeños.
Hay algo más en lo que coinciden todas las madres: las frases célebres que nos dicen durante toda nuestra vida. No sabemos si las han aprendido en un cursillo secreto de madres, o si han aprovechado los tópicos en su beneficio. Sea como sea, son expresiones muy útiles que nunca han fallado en sacarnos de quicio (o en provocarnos unas risas), y ya casi forman parte del imaginario colectivo.

Frases de madre que todos conocemos

Hemos recopilado algunas de esas frases que decían nuestras madres, y tienen algo en común: todas van a misa. Porque lo dicen ellas.

…Y punto

Es un hecho, las madres son expertas en mandar callar. Siempre han tenido un repertorio bastante amplio con el que ganaban cualquier discusión sin dejar lugar a réplica, y esta era la más básica de sus frases. Pero, por lo general, esta frase no era suficiente para aceptar un castigo o una regañina. Entonces, en un intento desesperado por entender algo, preguntabas el por qué. Y ella respondía:

Porque sí / Porque no

Y ya está, no hacían falta más razones. Seguramente llegó un momento en tu vida en el que te diste cuenta de que no merecía la pena intentar discutir con tu madre, porque siempre tenía razón. Incluso aunque no la tuviera. Solo quedaba una opción, aguantarte y aceptarlo. Ni siquiera podías molestarte, porque entonces te llovía otra:

Ahora tienes dos trabajos: enfadarte y desenfadarte

Esta la oímos en boca de muchísima gente, pero eso no quita que sea una de las frases más molestas que existen. Era jugar sucio, hundir el dedo en la llaga y darle vueltas. Frases como esta nos han hecho plantearnos alguna vez si en realidad nuestros padres disfrutaban viéndonos enfadados. Pero ellos nunca harían algo que fuera malo para nosotros. De hecho, siempre defenderán que…

Es por tu bien / es para que aprendas

Al fin y al cabo, su misión era educarte. Y vaya si lo hacían. Seguro que esta frase te ha causado más de un berrinche, porque tú sabías perfectamente que no necesitabas lecciones. Tu madre sabía lo mejor para ti, pero no te ibas a dar por vencido tan fácilmente. Así que te quejabas, y ella sacaba la artillería pesada:

Ni peros, ni peras / Qué viaje ni qué ocho cuartos

Resulta que, además de todo, las madres eran pioneras del lenguaje inclusivo y expertas en semántica. A veces creaban palabras que no tenían sentido, o incluso la repetían (“Qué viaje ni qué viaje”). Pero daba igual, porque ellas solo querían demostrar que tenían razón y que era mejor abandonar la batalla. Y siempre funcionaba.

No me, no me, que te, que te.

Era la otra opción para detener tus intentos de salirte con la tuya. Pero esta era mucho más temible y contundente. Sabías perfectamente a qué se refería, aunque no terminara las frases. Y casi preferías que no las terminase y que no pasara nada. Sin embargo, gracias al tiempo y a los memes, esta frase ha perdido su impacto y su dramatismo.

El día menos pensado cojo la puerta y me voy

Esta frase aparecía cuando tu madre estaba realmente enfadada. Entonces, y de forma muy poco sutil, pasabas a ser el hijo o hija modelo hasta que se le pasaba el enfado (o un poco más, para asegurarte). Pero al final acababas volviendo a sacarla de quicio, porque nadie es perfecto.

No me he sentado en toda la mañana

Esta es un clásico. Veías a tu madre sentarse en el sofá suspirando después de haber ido a mil sitios o haberse pasado la mañana trabajando. Era su momento de relax, y se lo merecía (aunque la hubieras visto sentada en algún momento), así que mejor no molestarla.

Cuando seas mayor…

Otra de las más terribles. Podía ir acompañada de “te gustará toda la comida”, “echarás de menos la universidad”, etc. También podía venir en forma de “Yo a tu edad…”. La cosa era demostrar que no tenías ni idea de nada porque eras muy joven. Aunque tuvieras ya tus 20 años. Y es que sí, sabíamos que las cosas cambiarían cuando creciéramos. Pero francamente, a nadie nos importaba en esos momentos.

Tenía muchas variaciones, pero la peor, sin duda, era:

Lo entenderás cuando seas mayor (o ‘cuando tengas hijos’)

Esta frase era su justificación especial para todo. Da igual sobre qué estuvierais hablando, pero dolía especialmente. Era una forma casi instantánea de acabar cualquier discusión, y por supuesto, tú caías derrotado.

En el momento, la mayoría de estas frases eran motivo de enfado o de quejas muy dramáticas. Pero con el paso de los años se han convertido en un recuerdo muy gracioso del que nos reímos en familia, con los amigos e incluso con nuestra propia madre.
Y es que al final, aunque muchas veces nos riamos de ellas, las queremos más que a nada en el mundo. Y es importante que se lo digamos de vez en cuando. Para ellas queremos lo mejor, por eso es un detalle precioso decirle lo que la queremos de una forma especial y personal. Si quieres hacer algo así, puedes regalarle una canción personalizada para agradecerle que esté siempre ahí y que haya aportado tanto a tu vida. Es algo que nunca olvidará y que nunca dejará de emocionarle.

¿Cuántas de estas frases te decía tu madre? ¿Las has usado tú o piensas usarlas? Cuéntanoslo en los comentarios, ¡lo leeremos encantados!