La educación de los hijos es una de las cuestiones que más preocupan a cualquier padre. Al final, siempre surgen las dudas: ¿Dónde tenemos que poner los límites? ¿Soy un buen padre?
No existe un libro de instrucciones para ser padre. Se trata de transmitir valores a tu hijo o hija y darle herramientas para que pueda enfrentarse al mundo cuando sea mayor. Pero muchas veces nos olvidamos del objetivo a largo plazo. En este artículo te vamos a dar algunos consejos para educar a tus hijos siguiendo la línea de la disciplina positiva, un modelo educativo que nos hace preguntarnos qué queremos para el futuro de nuestros hijos.

¿Qué es la disciplina positiva?

La disciplina positiva es un modelo educativo que intenta entender las conductas inadecuadas de los niños para corregirlas mediante técnicas positivas y afectivas. Surgió en los años 20, gracias al psiquiatra infantil Alfred Adler y a Rudolf Dreikurs. En los años 80 Jane Nelsen la desarrolló, y gracias a su libro ‘Cómo educar con firmeza y cariño’, se sistematizó.

 

Niña abrazando a su madre
Basa las relaciones familiares en el respeto mutuo entre padres e hijos, para llegar a la empatía y conseguir un entendimiento entre todos. Por eso, da herramientas a los padres para intentar entender las actitudes de los pequeños teniendo en cuenta sus necesidades y evitando respuestas como gritos o castigos.

¿De dónde hemos sacado la loca idea de que para que los niños se porten mejor, antes tenemos que hacerles sentir peor? – Jane Nelsen

Consejos para ser buenos padres

Ahora que te hemos contado qué es la disciplina positiva, ¡te vamos a dar varios consejos para que consigas sacar lo mejor de tu hijo o hija!

Firmeza y cariño

Como hemos mencionado, la disciplina positiva se basa en el respeto mutuo. Por eso, hay que evitar ser demasiado rígido con el niño, pero también hay que evitar ser demasiado permisivo, es decir, no hay que dejar que haga todo lo que quiera. La clave está en encontrar el equilibrio entre el afecto y la firmeza.
Por supuesto, es necesario que haya límites. Hay algunos que son negociables, es decir, que puedes involucrar a los pequeños para que participen en la toma de la decisión. Son normas más flexibles, pero tienen que comprometerse a cumplirlas. Hay otras normas que no se pueden negociar, sobre todo si no cumplirlas puede suponer un peligro. Es aquí donde hay que ser firme.
Si consigues encontrar el equilibrio, desarrollarás más confianza con los niños. Entenderán que no eres su amigo, sino su padre o madre, pero también sabrán que pueden contar contigo y no dudarán en decirlo cuando te necesiten.

Castigo, ¿merece la pena?

El castigo es un método de lo más aceptado para corregir los errores. Es algo difícil de cambiar, ya que es en muchos casos nuestra forma de reaccionar ante las actitudes erróneas de los niños.

Pero, ¿es de verdad tan eficaz como parece?

Castigar a un niño tiene un efecto inmediato, termina con la actitud que queremos evitar en el momento. Sin embargo, a largo plazo el niño no aprende. Quizá piensa que no merece el castigo, lo que puede generar un sentimiento de rabia que acabe en rebeldía: el niño hará lo contrario de lo que le digas. Además, a la larga se le pueden crear inseguridades que acaben dañando su autoestima.
En lugar de castigar, es mejor enseñarle que es responsable de sus actos. Por ejemplo: si tira comida al suelo, la consecuencia es limpiarlo. Lo mejor es explicarle por qué lo que ha hecho está mal y decirle que tiene que arreglarlo. Esto se llama consecuencia lógica. Así aprenderá que los errores no son algo malo, sino algo de lo que aprender.

Confianza vs. Sobreprotección

Sobreproteger a un niño es hacer por él cosas que podría hacer solo. Muchas veces pasa porque los padres quieren ahorrar trabajo a los hijos, o porque quieren evitar que sufran. Sin embargo, así le estás quitando muchas oportunidades para aprender, y evitas que empiece a tener cierta independencia.
Muchas veces son los propios niños los que quieren intentar hacer cosas por sí mismos. Pero si no les dejamos, captan el mensaje de que no tienen suficientes capacidades. Por eso, acaban siendo más inseguros y no adquieren los medios suficientes para afrontar problemas cotidianos. Además, si siempre hemos hecho todo por ellos pueden acabar siendo demasiado dependientes.
Por eso, deja de sobreproteger a tu hijo. Hazlo de manera progresiva, dejando que tome sus propias decisiones y que empiece a hacer cosas. Puedes ayudarle, pero no hacer todo por él. Eso sí, si se equivoca, ¡tienes que estar ahí para apoyarle! Así se hará más fuerte y aprenderá a hacer cosas por sí mismo. ¡Confía en sus posibilidades!

Trabaja sus emociones, positivas y negativas

Conforme vaya creciendo, el niño se va a enfrentar a muchas emociones y sentimientos que no entenderá. Por eso es esencial trabajar su inteligencia emocional desde que es muy pequeño. Lo primero es animarle a expresar y conocer sus emociones. Tenemos que crear un entorno con una buena comunicación y preguntarle qué siente, para que pueda poner nombres a sus sentimientos y así reconocerlos, ya sean positivos o negativos.
Los niños aprenden de lo que ven, y como padres, sois su ejemplo principal. Por eso es bueno que habléis a vuestro hijo o hija sobre vuestras emociones. No solo aprenderá a reconocer cada emoción, sino que aprenderá a verlas en otra gente y desarrollaréis su empatía.

Padres paseando con sus hijos

Ten en cuenta las opiniones de tu hijo

Escuchar a los pequeños es otra de las bases de la disciplina positiva: es una relación de respeto mutuo. Habla de conocer a los hijos e intentar entender su mundo. Es saber lo que les gusta, sus sueños… Dedicar un ratito a conocer la vida de nuestros pequeños no cuesta nada, y aumenta la confianza en la familia.
Los niños tienen un mundo interior muy rico y tienen mucho que ofrecer, pero tendemos a pasarlo por alto porque “son demasiado pequeños” y “todavía no saben”. Con esto lo único que conseguimos es crear un niño inseguro con sus conocimientos.

Sin embargo, si escuchamos sus argumentos o nos interesamos por sus opiniones, les damos el mensaje de que son importantes y de que aportan algo a las conversaciones. Así se les da autonomía y se les ayuda a desarrollar una personalidad y una forma de pensar.

Demuestra tu cariño

Los niños construyen su imagen y su concepción de ellos mismos con las referencias que les damos. Serán más felices y tendrán un desarrollo más pleno si se sienten queridos. Por eso, ¡muéstrale tu cariño sin miedo alguno!

No hace falta una ocasión especial para decir a tu hijo o tu hija lo que la quieres. Pero una ocasión especial, como su cumpleaños, es el momento perfecto para darle una sorpresa y hacerle un regalo significativo. Un regalo material como un juguete le gustará, pero lo olvidará con el paso de los años. Sin embargo, hay cosas que perduran en la memoria. Una opción es hacer una canción personalizada. No hay nada tan especial como regalarle su propia canción, un regalo único para una persona única. Le puedes decir lo orgulloso u orgullosa que estás, que es lo mejor de tu vida y que siempre vas a estar ahí, y podrá guardarlo para siempre.

Ser padre es un aprendizaje continuo. Muchas veces, aprendemos al mismo tiempo que nuestros hijos. Pero algo maravilloso de los niños es que al final somos nosotros quienes acabamos aprendiendo de ellos. Por eso, valores como la confianza, el respeto y la seguridad son lo mejor que les podemos transmitir a lo largo de su vida.
¿Te han resultado útiles estos consejos? Cuéntanos alguna anécdota con tus peques en los comentarios, ¡nos encantará leerla!